BIOGRAFÍA / BIOGRAPHY

Me acuerdo de ir a la bodega de mi barrio en Sabadell a devolver los "cascos" de las Fantas.

Me acuerdo de lo atrevidos que fueron mis padres eligiendo los colores de las paredes del piso en el que vivíamos.

Me acuerdo de pasar largos ratos en la noche asomado al balcón, intentando ver llegar al coche de mi padre a casa.

Me acuerdo que desde la ventana de mi habitación veía una vía de tren perdiéndose en el campo. Sentía que vivía en el límite de algo.

Me acuerdo de escaparme del área vigilada y jugar en un trigal más alto que yo.

Me acuerdo de la amenaza constante de mi madre de sacarse la zapatilla.

Me acuerdo de la guerra fría de mis padres.

Me acuerdo de la tristeza de los domingos por la tarde.

Me acuerdo de oír en mi cabeza infinitas melodías y canturrearlas en un idioma inventado.

Me acuerdo del olor a mandarina de mi infancia.

Me acuerdo de darle un beso a mi madre a través de la tela metálica que delimitaba el patio de mi guardería.

Me acuerdo de soñar despierto con llegar a caballo al colegio y dejar a todos fascinados.

Me acuerdo de la primera chica que me gustó y lo dulce que olía.

Me acuerdo de poner una y otra vez "Brothers in arms" de Dire Straits en un viejo radiocasete e imaginar que daba un concierto en un estadio olímpico.

Me acuerdo de jugar con mi hermana al "barco" o a los "animales". Juegos inventados que nos hacían viajar.

Me acuerdo del olor del campo mojado por la lluvia paseando con mi padre.

Me acuerdo de lo bien que me hacía sentir que mi padre me invitara a acompañarlo. No hacía falta ni que habláramos.

Me acuerdo de reconocer la tristeza y soledad de mi madre desde una atracción de feria mientras ella esperaba abajo.

Me acuerdo de ser un niño serio.

Me acuerdo de mi escuela de interpretación Nancy Tuñón. Fue mi hogar. Allí el fango de mi juventud se transformó en oro.

 

La interpretación me salvó la vida.

I remember the trips to the neighbourhood grocery store, in Sabadell, to return empty bottles.

I remember how daring my parents were, choosing the colours to decorate our apartment. 

I remember spending long periods of time in the evenings watching the world go by from the balcony, waiting for my father’s car to arrive home.

I remember I could see the train tracks and wheat fields from my window. I felt like I lived at the edge of something, where something ended.

I remember running away from where the adults were, to play in field of wheat that was taller than I was.

I recall how my mother would constantly threaten us with her slippers.

I remember the cold war between my parents.

I remember the sadness of sunday afternoons.

I remember listening to millions of songs inside my head, and humming them in a made up language. 

I remember how my childhood smelled like tangerines.

I remember kissing my mother through the metal fence of the nursery school.

I remember daydreaming I would arrive at school on a horse, leaving everyone speechless.

I remember the first girl I liked, how sweet she smelled.

I remember playing “Money for nothing” by Dire Straits over and over on the cassette player in my room, imagining I was playing a concert in an olympic stadium.

I remember playing boats or animals with my sister. Made up games that would let us escape.

I remember the smell of the wet countryside, walking with my father.

I remember how good it felt when my dad would ask me to go somewhere with him. We didn’t even need to talk.

I remember looking down from a fairground ride, and noticing my mother’s sadness and solitude, while she waited for us.

I remember being a very serious little boy.

I remember my first acting school. Nancy Tuñon was my home. There, all the dirt of my youth was turned into gold.

 

Acting saved my life.